martes, 11 de mayo de 2010

PENSAR LA DEMOCRACIA

MÁS ALLÁ DEL DISCURSO POLÍTICO: “LA OTRA DEMOCRACIA”

La democracia como sistema político, social, económico y cultural moderno; surgió en un baño de sangre. Pues, surgió de la violenta revolución francesa (1789) y la emergencia del Estado-nación Moderno, enarbolando el lema de “lealtad, igualdad y fraternidad”. La democracia, desde una concepción etimológica hace alusión a un “gobierno del pueblo”. Además, se ha dicho de ella, que como sistema, es el menos imperfecto. Sea cierto o no, a lo que debemos de oponernos en la actualidad, es a las “groseras concepciones reduccionistas”, de ella. Por ejemplo, pensar la “democracia” sólo en términos políticos-electorales y de gobiernos civiles; es decir reducir “el sistema democrático”, a la sólo legitimación de la autoridad y el poder a través de elecciones cada cierto tiempo y que las autoridades electas que gobiernen sean civiles; es una concepción reduccionista; ya que ello es solamente una parte de una concepción más amplia.

En realidad “la concepción democrática” debe de implicar todos los aspectos de la vida social. Por ejemplo, hablar de “democracia” en un sentido social, implicaría hablar del respeto “al otro” y a “la diferencia”, ello es vital en una sociedad diversa y multicultural como la nuestra, darnos cuenta de que, en nuestra diversidad esta nuestro mayor potencial para un desarrollo sostenido en el futuro. Hablar de democracia en términos económicos; implicaría que desde el Estado y el poder se gestione, organice y promueva, aunque suene utópico, un modelo económico, que brinde una igualdad de oportunidad para todos, en donde se aproveche de manera racional y sostenible los recursos naturales, y se brinde servicios públicos como de educación y salud de calidad, aunque, ello también implique un cambio radical de mentalidad de muchos de los trabajadores y servidores públicos.

Así mismo, aunque no menos importante, hablar de “democracia” es promover una cultura con valores y actitudes democráticas; ¿pero que implica todo ello?, “una cultura democrática” implica un ejercicio de nuestra libertad con responsabilidad, con respeto; y como ya lo señalamos antes, esencialmente un respeto “al otro” y “al diferente a uno”. Implica dejar de lado el racismo y la discriminación, una herencia colonial que aún sigue pesando en nuestra mentalidad y que entorpece la interacción entre miembros de una misma comunidad. Igual de importancia tiene promover una cultura solidaria, para actuar de manera inmediata en un país, que siempre será castigado y victima, debido a su ubicación geográfica de fenómenos y desastres naturales.

Promover “una cultura democrática”, implica también, un reconocimiento y respeto de nuestras expresiones artísticas, históricas y culinarias. Estas riquezas, deben su existencia a una gran diversidad regional, lo que hace que el Perú sea muy rico en expresiones folklóricas, cuente con una gran cantidad de restos arquitectónicos e históricos, tenga una gran diversidad de danzas y bailes típicos, en donde las armonías de los ritmos musicales son polífonos, y además de que cuente con una gran variedad de potajes y bebidas; que igualmente ocupan un lugar importante en la vida cotidiana de todos los peruanos. Lo mencionado, en este párrafo, generalmente, se lo hace de manera descontextualizada, lo que impide ver un factor determinante, y que no se le quiere ver, aprovechar y dar la importancia debida, ello es: “la ilimitada creatividad y la inteligencia del ser peruano”. Hablar de democracia también implica la puesta en valor, de algo clave y fundamental: “el capital humano”.

Finalmente, hablar de democracia, también debe de implicar, apostar y promover “una democratización de la memoria histórica”, es decir, rescatar y reconstruir imágenes de la sociedad arequipeña y peruana de manera dinámica y dialéctica en el tiempo, que sirva como un espejo, en donde todos los individuos y las colectividades nos veamos identificados, de manera que nuestra autoestima y nuestro amor por lo nuestro y lo peruano, sea motivo de orgullo; pero teniendo bien en claro de donde venimos, quienes somos y hacia donde vamos. E ahí el reto de pensar la democracia más allá del mero discurso político.

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